HONORES A CHUCHO

CHUCHO VALDES EN BOGOTÁ

Se espera con expectativa la presentación del septuagenario pianista Chucho Valdés y sus Afrocuban Messengers, el próximo martes 14 de junio en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán. Dentro de los galardones que ha obtenido en su carrera, incluyendo varios premios Grammy en la hoy descontinuada categoría de jazz latino, el último lo recibió junto con su papá el pasado mes de mayo en la ceremonia de graduación del Berklee College of Music. Se trata del doctorado Honoris Causa que esta institución les otorgó a padre e hijo por sus aportes a la música, un reconocimiento muy significativo para el mundo hispano. El hecho de que un conservatorio americano reconozca el trabajo de los artistas cubanos, habla bien de los cambios que se han dado recientemente en Estados Unidos.

Pasando a la realidad colombiana, les pido a los lectores que hagan el ejercicio de buscar intérpretes de esa edad que estén activos en nuestro medio. Salvo cantadoras como Petrona y Totó, o inimitables como Jorge Velosa, pocos nacionales mayores de sesenta –fuera del folclor-, aparecen en las carteleras de conciertos. La longevidad de los músicos cubanos no es solo un tema de salud pública, tiene mucho que ver con la valoración que la isla le da al trabajo artístico de sus representantes culturales. La propuesta de Chucho tiene un reconocimiento internacional indiscutible por la integración de la tradición musical afrocubana con el jazz, entendiendo a este último género como el camino mas expedito que las músicas regionales han encontrado para superar sus fronteras y hablarle al mundo.

Aquí se han realizado intentos en esa dirección, pero no con los mismos resultados. Los neofolcloristas locales están engolosinados con el sonido rumbero y electrónico, que seguro les abrirá las puertas de las discotecas internacionales y los festivales de trance, pero difícilmente entraran al circuito de salas de concierto donde si diferencian el arte musical del sonsonete parrandero. Mientras nuestra tradición no se articule de manera ingeniosa y respetuosa con lenguajes que el mundo comprenda, seguiremos viendo como ese mundo aclama a nuestros vecinos por poner su música al alcance de todos.

El medio musical colombiano sigue anclado en el modelo de mercadeo que jubila al que se va quedando calvo, porque ya no vende, privando de oportunidades a muchos creadores e intérpretes que llegan con gasolina de sobra a sus años plateados. Hay que aprender a desafiar la ley de la grave-edad, como lo hacen en Cuba.

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Oscar Acevedo